La recompensa del Rosario

La recompensa del Rosario

Esta historia que te traigo hoy sobre el Rosario es sor-pren-den-te. ¿El protagonista? Alfonso IX, rey de León, allá por el siglo XII. La historia la cuenta el mismo San Luis Mª Grignion de Monfort y sale del mismo librito que nos ayudó el mes pasado a rezar el Avemaría mejor. ¿Que todavía no lo has leído? pues pincha aquí. Como ves, sigo empeñada en que cada vez recemos el Rosario con mayor devoción.

Recompensa del Santo Rosario

¿Qué valor tendrá rezar un sólo Rosario bien? ¿qué valor tiene si hago que otros lo recen? Creo que ni lo imaginamos! Sigue leyendo esta historia cogida de la 8ª Rosa del libro “El Secreto Admirable del Santo Rosario” y dice así:

La Santísima Virgen no favorece solamente a quienes predican el Rosario, sino que recompensa también gloriosamente a quienes con su ejemplo atraen a los demás a esta devoción. Clic para tuitear

Alfonso IX (1188-1230), rey de León y de Galicia, deseando que todos sus criados honraran a la Santísima Virgen con el Rosario, resolvió, para animarlos con su ejemplo, llevar ostensiblemente un gran rosario, aunque sin rezarlo. Bastó esto para obligar a toda la corte a rezarlo devotamente.

El rey cayó enfermo de gravedad. Ya lo creían muerto, cuando, arrebatado en espíritu ante el tribunal de Jesucristo, vio a los demonios que le acusaban de todos los crímenes que había cometido. Cuando el divino Juez lo iba ya a condenar a las penas eternas, intervino en favor suyo la Santísima Virgen. Trajeron, entonces, una balanza: en un platillo de la misma colocaron los pecados del rey. La Santísima Virgen colocó en el otro el rosario que Alfonso había llevado para honrarla y los que, gracias a su ejemplo, habían recitado otras personas. Esto pesó más que los pecados del rey.

¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?

La Virgen le dijo luego, mirándole benignamente:

«Para recompensarte por el pequeño servicio que me hiciste al llevar mi Rosario, te he alcanzado de mi Hijo la prolongación de tu vida por algunos años. ¡Empléalos bien y haz penitencia!» Volviendo en sí el rey exclamó: «Oh bendito Rosario de la Santísima Virgen, que me libró de la condenación eterna!» Y después de recobrar la salud, fue siempre devoto del Rosario y lo recitó todos los días.

¿Te imaginas el bien que puede hacer para tí y para otros difundir EspañaDeMaría.Es?

Marisa

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