El Avemaría

El Avemaría

Hoy quería rezarle a la Virgen María un Rosario diferente, que no fuera distraído, como a veces me suele pasar… y he dicho: voy a rescatar aquel libro de S. Luis Mª Grignion de Monfort que tanto me ayudó en su día. Se trata de «El Secreto Admirable del Santo Rosario». Ya había leído «El tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen» que me encantó! Y he de decir que éste me entusiasmó!!! Así que tengo la idea de ir compartiendo historias de este libro que me ayudaron, y espero que os ayuden a vosotros también.

Belleza y excelencias del Avemaría

Es la primera que quiero compartir, pues al fin y al cabo rezamos al menos 50 en cada rosario! Y ya que lo rezamos, lo rezamos bien. No os parece? Está cogido de la 15ª y 16ª Rosa (así llama S. Luis María a los capítulos de su libro). Dice así:

La salutación angélica es tan sublime y elevada, que el Beato Alano de la Rupe ha creído que ninguna criatura puede comprenderla y que solamente Jesucristo, Hijo de María, puede explicarla.

Deriva su excelencia: de la Santísima Virgen, a quien fue dirigida; de la finalidad de la Encarnación del Verbo, para la cual fue traída del Cielo; y del Arcángel San Gabriel, que fue el primero en pronunciarla (Lc 1,28.42).

El Avemaría resume, en la más concisa síntesis, toda la teología cristiana sobre la Santísima Virgen. En el Avemaría encontramos una alabanza y una invocación. La alabanza contiene cuanto constituye la verdadera grandeza de María. La invocación contiene cuanto debemos pedirle y cuanto podemos alcanzar de su bondad.

La Santísima Trinidad reveló la primera parte, Santa Isabel, iluminada por el Espíritu Santo, añadió la segunda. Y la Iglesia ordenó que se invocase a la Santísima Virgen bajo este glorioso título, con estas palabras: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte».

Deseaba Santa Matilde saber cuál era el mejor medio para testimoniar su tierna devoción a la Madre de Dios. Un día, arrebatada en éxtasis, vio a la Santísima Virgen que llevaba sobre el pecho la salutación angélica en letras de oro y le dijo:

«Hija mía, nadie puede honrarme con saludo más agradable que el que me ofreció la Santísima Trinidad. Por él me elevó a la dignidad de Madre de Dios.

«La palabra AVE me hizo saber que Dios en su omnipotencia me había preservado de toda mancha de pecado y de las calamidades a que estuvo sometida la primera mujer».

«El nombre de “María”, que significa “Señora de la luz”, como astro brillante, para iluminar los Cielos y la tierra».

« Hija mía, nadie puede honrarme con saludo más agradable que el que me ofreció la Santísima Trinidad: Ave María! » Clic para tuitear

«Las palabras “llena de gracia”, me recuerdan que el Espíritu Santo me colmó de tantas gracias, que puedo comunicarlas con abundancia a quienes las piden por mediación mía».

«Diciendo “el Señor es contigo”, siento renovarse la inefable alegría que experimenté cuando el Verbo eterno se encarnó en mi seno».

«Cuando me dicen “bendita Tú eres entre todas las mujeres”, tributo alabanzas a la Misericordia divina que se dignó elevarme a tan alto grado de felicidad».

«Ante las palabras “bendito es el fruto de tu vientre Jesús”, todo el Cielo se alegra conmigo al ver a Jesús, mi Hijo, adorado y glorificado por haber salvado al hombre».

¿Nos ponemos el propósito de rezar cada Avemaría pensando en lo que le gusta a Nuestra Dulce Madre?

Marisa

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