El mundo, en guerra, y bajo la amenaza del nuevo ensayo de Corea del Norte de una bomba H, necesita, más que nunca, recurrir al cielo. Como hicieron algunos Jesuitas en Hiroshima, y quedaron intactos. Te contamos su historia…

El Milagro del Rosario en Hiroshima

El mundo se encuentra en alerta tras el supuesto ensayo de una bomba de hidrógeno por parte de Corea del Norte, precisamente el día de la Epifanía del Señor de este estrenado 2016. Así que hoy te traemos a la memoria el Milagro que el Rosario hizo en Hiroshima, el 6 de agosto de 1945.

Durante la Segunda Guerra Mundial, dos ciudades japonesas fueron destruidas por bombas atómicas: Hiroshima y Nagasaki.

En Hiroshima, como resultado de la explosión, todas las casas en un radio de aproximadamente 2.5 Km del epicentro fueron destruidas. Quienes estaban dentro de ese círculo de muerte quedaron enterrados en las ruinas. Los que estaban fuera fueron quemados.

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En medio de aquella tragedia, una pequeña comunidad de Padres Jesuitas vivía junto a la iglesia parroquial, a solamente ocho cuadras (aprox. 1Km) del epicentro de la bomba. Eran misioneros alemanes sirviendo al pueblo japonés. Como los alemanes eran aliados de los japoneses, les habían permitido quedarse.

La iglesia junto a la casa de los jesuitas quedó destruida, pero su residencia quedó en pié y los miembros de la pequeña comunidad jesuita sobrevivieron. No tuvieron efectos posteriores por la radiación, ni pérdida del oído, ni ninguna otra enfermedad o efecto.

El Padre Schiffer

El Padre Hubert Schiffer fue uno de los jesuitas en Hiroshima. Tenía 30 años cuando explotó la bomba atómica en esa ciudad y vivió otros 33 años más de buena salud. Él narró sus experiencias en Hiroshima durante el Congreso Eucarístico que se llevó a cabo en Filadelfia (EEUU) en 1976. En ese entonces, los ocho miembros de la comunidad Jesuita estaban todavía vivos.

El Padre Schiffer fue examinado e interrogado por más de 200 científicos que fueron incapaces de explicar cómo él y sus compañeros habían sobrevivido. Él lo atribuyó a la protección de la Virgen María y dijo: “Yo estaba en medio de la explosión atómica… y estoy aquí todavía, vivo y a salvo. No fui derribado por su destrucción.”

Además, el Padre Schiffer mantuvo que durante varios años, cientos de expertos e investigadores estudiaron las razones científicas del por qué la casa, tan cerca de la explosión atómica, no fue afectada. Él explicó que en esa casa hubo una sola cosa diferente:

Rezábamos el Rosario diariamente en esa casa

Padre Hubert Schiffer, S.J.

P. Hubert Schiffer S.J., años después de la caida de la Bomba, con uno de los pilotos del Enola Gay, el B29 que lanzó la bomba sobre Hiroshima

El Padre Schiffer escribiría más tarde un libro “The Rosary of Hiroshima”.

Y el P. Hubert Cieslik, otro de los compañeros del Padre Schiffer, dejó por escrito todo lo sucedido en aquel 6 de Agosto de 1945. Impresiona leer su testimonio, por otra parte fidedigno.

En la otra ciudad devastada por la bomba atómica, Nagasaki, San Maximiliano Kolbe había establecido un convento franciscano que también quedó intacto, los hermanos protegidos gracias a la protección de la Virgen. Allí ellos también rezaban diariamente el santo rosario.

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